Cómo elegir una pareja.

 

A una pareja adecuada se llega luego de haber recorrido un camino. Cada paso de ese camino deja una enseñanza, un peldaño indispensable para llegar al final de la escalera. Así, cada relación, por más inadecuada que nos parezca, aumenta nuestro saber. Si aceptamos los distintos aprendizajes como una travesía necesaria llegaremos al punto donde nuestro corazón y nuestra cabeza se unen en la elección de lo que realmente necesitamos. Dejemos que este testimonio nos ayude a entender de que estamos hablando:

“Me llamo Claudia, me casé a los veinte años formando la “pareja perfecta”, sobre todo desde la mirada de nuestras familias: Yo, una estudiante de Diseño del Paisaje, bonita, sin relaciones amorosas importantes hasta el momento, ni siquiera había tenido mi primera relación sexual. Ricardo un brillante médico recién recibido, con familia de buena posición ycon todo el porvenir por delante. Desde el comienzo rebalsábamos de proyectos: Viajes, automóviles, una casa, etc. Al poco tiempo me había transformado de la desorganizada Claudia que era, en la ejecutora de todos los proyectos al punto de dirigir personalmente con acierto hasta la construcción de nuestra casa. Jamás hubiera pensado que podía moverme tan diestramente. La situación me encandilaba. Sin embargo, “la sombra” aparecía en los momentos de intimidad. Cuando la excitación de los proyectos cesaba y simplemente nos tocaba estar juntos, alma con alma, sin hacer nada, aparecía un velo de aburrimiento donde el punto máximo se expresaba en mi dificultad para gozar en las relaciones sexuales. Este velo se fue transformando en una densa niebla y cuando comenzaron los reproches, se hizo evidente la oculta distancia que había entre nosotros. Todos los proyectos que nos entusiasmaban se fueron transformando en una cáscara vacía y los conflictos no tardaron en corroer la relación. Mi entusiasmo cesó por completo, no conseguía sentirme atraída por Ricardo y cuando nos separamos creía ser sexualmente frígida. En medio de mi sufrimiento y con la idea, no voy a poder sentir, casi casualmente conocí a Eduardo. La atracción física fue sorprendente e inexplicable, sobre todo para mí que finalmente descubrí lo que significaba disfrutar sexualmente. La idea que no podía sentir voló en mil pedazos.

Para mi sorpresa aparece el compromiso mutuo, una buena sexualidad, y una confianza interna que Ricardo no había conseguido despertar en mí. Eduardo estaba permanentemente pendiente de cada necesidad mía. Sentía que la sangre me hervía. Sin embargo “la sombra” reinaba nuevamente: Él era casado. Con el tiempo esta relación pasó de apasionada a tumultuosa. La posesividad de Eduardo, que al principio me gustaba, con el tiempo comenzó a ahogarme. Por otro lado él soportaba cada vez menos la separación de su estructura familiar. En ese momento procuré una ayuda terapéutica, desesperada por la noticia reciente que él visitaba en secreto a su ex esposa. Cuando la situación mostró que Eduardo no daría el paso hacia la consolidación de nuestra pareja, mi terapeuta me ayudó a terminar la relación. Dolorosamente me retiré con una nueva idea: no voy a poder volver a confiar. A los treinta años me rondaba la sensación que el amor no era para mí y me dediqué de lleno a mi profesión al punto de convertirme en una paisajista requerida para el diseño de todos los espacios verdes importantes.

Entregada a mi trabajo y a la feliz relación con mis sobrinos, solo tenía las relaciones ocasionales que mi cerrado corazón me permitía. Un día me encuentro con Fernando, un viejo amigo de mis primeros años de escuela secundaria. Tras los recuerdos obligados Fernando me cuenta sus desencuentros amorosos ya que había pasado por varias rupturas para encontrarse finalmente divorciado y con un hijo de seis años. No puedo explicar lo que pasó, no fue un amor súbito, quizás fueron nuestros dolores los que nos unieron, pero lo cierto es que el amor fue creciendo. Hoy estoy feliz, embarazada y fuertemente unida a Fernando. Hasta que el amor con Fernando floreciera, tenía la sensación de haber sido una víctima de mis parejas. Con Ricardo fue, “no soy capaz de sentir la pasión”, con Eduardo se convirtió en “solo me deja el lugar de amante y luego me traiciona”. De no haber mediado la amistad previa con Fernando y su amoroso trabajo por reabrirme al amor la amargura me hubiera tomado totalmente y el amor no hubiera llegado. Hoy, desde mi felicidad, descubro la cara ignorada de mis relaciones anteriores, descubro que no estuvieron hechas únicamente de desencuentros y amarguras, sino que fueron los peldaños que me prepararon para mi actual pareja. Por eso finalmente puedo reconocer y lamentar los desencuentros y agradecer lo que cada uno me dejó.

Así descubrí que en la relación con Ricardo aprendí a organizarme, tanto en mi trabajo como en mi casa y llevar una vida de familia que jamás había experimentado en mi infancia. Eduardo me ayudó a liberarme del fantasma de mi sexualidad “inadecuada” . Cuando estaba junto a él, piel con piel, sentía que “chocaban los planetas”, pero también había disfrutado con Ricardo de la sensación de hogar y familia que con Eduardo no pudo ser. Finalmente llegó a mi vida Fernando, ambos sabemos lo que necesitamos, somos capaces de dejar el mundo externo fuera de nuestro dormitorio y permitir que ambos cuerpos se vayan encontrando. De la misma manera, trabajamos cotidianamente para hacer crecer nuestro pequeño mundo y para enfrentar ese mundo externo que cada día nos presenta”.

No hay mapas para ir al encuentro del amor. Elegí el testimonio de esta paciente porque revela algunos “ingredientes” sin los cuales se hace difícil una relación duradera. Por un lado necesitamos indispensablemente que el otro despierte lo que llamamos el amor incondicional. El amor incondicional está presente en el encuentro de almas, la atracción, las ganas de estar juntos. No se puede explicar, es ese bienestar, esa alegría del corazón que sentimos por el sólo hecho que el otro esté cerca. Cuando esa llama arde nos sentimos en las nubes.Sin embargo no somos puro corazón, no siempre podemos estar en las nubes, también vivimos en forma terrenal, tenemos necesidades, gustos, cautelas y preocupaciones que influyen en la relación, o sea que también necesitamos que el otro encaje en nuestras preferencias. Este aspecto lo denominamos amor condicional, son las condiciones que imponen nuestras necesidades, y resulta difícil ignorarlas por completo. Al respecto alguna vez escuché: Un pez y un pájaro se pueden enamorar, pero ¿donde van a vivir?. Estos dos aspectos del amor, la incondicionalidad con que dos almas se encuentran, y la condicionalidad de nuestros gustos y preferencias necesitan estar presentes para que la pareja dure.

Al elegir una pareja, en primer lugar tenemos que dejar que el corazón, el alma guíe y después la cabeza acompañe porque personalmente pienso que, a menos que se trate de un pez y un pájaro, siempre es posible llegar a encontrar un terreno en común en nuestros gustos, en nuestras condiciones mientras que no es posible “fabricar” amor incondicional, el encuentro de almas sucede o no sucede. No es posible establecer proporciones de uno y otro. Varía de pareja en pareja y de hecho es normal que varíen con el tiempo. Por ejemplo en la primera etapa, cuando novios es un terreno propicio para que se desarrolle el amor incondicional, al casarse es normal estar muy tomados por el proyecto, establecer un hogar, tener hijos, establecerse profesionalmente, entonces el aspecto del amor condicional se agranda: “Estamos remando juntos en el mismo barco”. Aún en ese período no debemos descuidar el cultivo del amor incondicional que habita en cada uno y procurar espacios donde “hacer nada juntos”. Ese amor siempre nos nutre, especialmente una vez establecidos y donde el proyecto en el mundo externo no ocupa tanto lugar.

No es casual que las crisis de pareja aparezcan “justo cuando teníamos todo”. Así sucedió con el caso de nuestro testimonio, la brillantez de la situación con Ricardo encandiló a Claudia, las condiciones, ocuparon todo el espacio de la pareja y tardíamente descubrió que el entusiasmo y el encuentro de almas no eran sinónimos. Cuando todo es lindo y ordenado pero no hay encuentro de almas la vida en pareja se vuelve vacía aburrida. Por otro lado Eduardo despertó la fuente de amor incondicional de Claudia. En su cercanía se sentía apasionada, nutrida, reconocida, todo era más intenso. Sin embargo el amor condicional de Claudia no tenía lugar en la relación, ella quería formar una familia, tener hijos y un hogar. Es preciso tener en claro cuales son las necesidades a las que no estamos dispuestos a renunciar, de lo contrario aunque el otro nos haga sentir “en el cielo” los conflictos “terrenales” terminarán afectando la relación. Cuando apareció Fernando, Claudia conocía muy bien (gracias a sus parejas anteriores) lo que eran los placeres del cielo y los de la tierra, no pensaba encontrar lo que encontró, se acercó sin exigencias, sin expectativas y lo mismo le ocurría a él. Esa no exigencia fue el abono que hizo crecer un amor tan intenso e inesperado.Éste último es un tema que me gustaría resaltar. Circulan tantas recetas de cómo elegir una pareja que terminamos acercándonos al otro con una planilla de requisitos para no equivocarnos y es entonces cuando seguramente nos equivocamos ya que estamos más preocupados por hacerlo encajar en nuestra planilla que por escucharlo y observarlo. Así despertamos en nuestra futura pareja la preocupación por ser el“modelo” en lugar de ser él mismo.

Y como el otro también está con su planilla todo conduce a una funesta consecuencia: No se están viendo. Por eso cuando alguien nos atrae es preciso acercarse sin requisitos ni expectativas como un niño que dice, “Veamos que hay”, dejar que algún tiempo transcurra, observar qué dice nuestro corazón y tan sólo permitir que suceda lo que tiene que suceder en nuestro interior para después escuchar lo que nuestra cabeza tiene para decir.

RECOMENDACIONES PARA EL ARTÍCULO “COMO ELEGIR UNA PAREJA”

*Darse cuenta de los prejuicios con los que nos acercamos al otro. Desde el mas burdo: “Yo no podría ser la pareja de alguien que usa esos zapatos” a otros mucho mas sutiles.
*Revisar la lista de ideas que tenemos. Una paciente me decía: “Yo trato de imaginar cómo quedaría de frac ante el altar”. Nunca terminaremos de conocer al otro pero mucho menos si nos acercamos con ideas, prejuicios, requisitos que nos impiden ver a nuestra pareja tal como es.
*Sólo cuando trabajamos para librarnos de nuestros prejuicios e ideas comenzaremos a ver al otro y a percibir que sucede en nuestro interior dando lugar a que surja el amor incondicional y nuestras almas se encuentren (o no).
*De la misma manera a medida que vamos conviviendo podremos apreciar que sucede con nuestra “vida cotidiana y terrenal”, es decir, la manera en que armonizamos nuestro amor condicional.
*Tener presente que en las relaciones de pareja : “El corazón manda y la cabeza acompaña”
*Descartar todas las recetas acerca de cómo debe ser el hombre o la mujer perfecta.
Descartar aún este artículo si por atender a él te pierdes.

Por Silvia Salinas, en www.silviasalinas.com.ar
 

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