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Coaching individual

*para tus sueños y proyectos,

*para tu desarrollo profesional,

*para crear contextos de posibilidad en todos los ámbitos de tu vida….!!!

PROCESOS INDIVIDUALES DE COACHING ONTOLÓGICO, ACOTADOS Y ENFOCADOS EN LOS RESULTADOS QUE QUERÉS LOGRAR.

       Más Información:  info@coachingypsicologia.com.ar

 ¿Trabajaste duro en casa, preparando la cena para tu familia, y luego, a la hora de comer, nadie te dijo siquiera “está rico?

¿Te hiciste cargo de todo el trabajo que te dejó tu compañero antes de salir de vacaciones, y a su regreso, ni siquiera te lo agradeció?

¿Estás acostumbrado a que te observen enseguida algún error tuyo, pero no te pasa lo mismo con tus aciertos?

 Todas éstas son típicas situaciones que adolecen de la Declaración del RECONOCIMIENTO…

El reconocimiento apunta a valorar al otro, a tener en cuenta no sólo su existencia, sino también lo importante y valioso que es para nosotros, y es fundamental que lo expresemos con palabras.

Frases como: yo te reconozco que sos … ó lo que yo más valoro de vos es… no son tan usuales ni mucho menos cotidianas, y hasta muchas veces es necesario que se dé una conversación especial, -del tipo de las que aclaran malentendidos-, para que ellas afloren, por el motivo que sea.

Tampoco es fácil escuchar la contrapartida de estas frases:  ¿qué es lo que vos valorás más de mí?  Y la dificultad se acrecienta, cuando de lo que se trata es del AUTORRECONOCIMIENTO, es decir, de la posibilidad de autorresponderse preguntas como:

 ¿Quién soy? ¿Qué me reconozco de mí mismo? ¿Cómo me dicen los otros que soy? ¿Tiene esto que ver con lo que quiero ser?

 Estas últimas, obviamente nos conectan con aspectos de nuestra propia identidad, que siempre se constituye, en definitiva, a partir de los otros y, -diríamos en la Ontología del Lenguaje-, de las conversaciones que mantenemos con los otros. Por tratarse de la IDENTIDAD, que en Psicología decimos que surge de un proceso de identificaciones con tantos otros, digamos que la cuestión del RECONOCIMIENTO y del AUTORRECONOCIMIENTO nunca es menor. No es lo mismo que formulemos una Declaración de este tipo o que no la formulemos, que la digamos o que la callemos, aún teniendo la oportunidad de decirla. Ya vimos desde varios artículos, cómo para la Ontología del Lenguaje, la palabra genera acción: si no reconocemos provocamos en el otro el resentimiento, y muy probablemente su alejamiento de nosotros, o que no esté disponible para ayudarnos cuando lo necesitemos nuevamente.

En el mejor de los casos, la relación puede desgastarse, perder sustento, y aparece entonces la INDIFERENCIA, estado de ánimo por cierto, creo yo, mucho más temido que el odio.

Y no confundamos la gratitud con el RECONOCIMIENTO: decir gracias cierra el circuito de un ofrecimiento del otro hacia nosotros, en cambio el reconocimiento es una aceptación de la existencia del otro. Por lo tanto, la declaración de RECONOCIMIENTO es uno de los vértices de nuestra estrella, y otro lo es la GRATITUD.

Lic. Mónica Silvia Reta

 

¿Trabajaste duro en casa, preparando la cena para tu familia, y luego, a la hora de comer, nadie te dijo siquiera “está rico?

 

¿Te hiciste cargo de todo el trabajo que te dejó tu compañero antes de salir de vacaciones, y a su regreso, ni siquiera te lo agradeció?

 

¿Estás acostumbrado a que te observen enseguida algún error tuyo, pero no te pasa lo mismo con tus aciertos?

 

Todas éstas son típicas situaciones que adolecen de la Declaración del RECONOCIMIENTO…

El reconocimiento apunta a valorar al otro, a tener en cuenta no sólo su existencia, sino también lo importante y valioso que es para nosotros, y es fundamental que lo expresemos con palabras. Frases como:

yo te reconozco que sos …

ó

lo que yo más valoro de vos es…

no son tan usuales ni mucho menos cotidianas, y hasta muchas veces es necesario que se dé una conversación especial, -del tipo de las que aclaran malentendidos-,  para que ellas afloren, por el motivo que sea. Tampoco es fácil escuchar la contrapartida de estas frases:

¿qué es lo que vos valorás más de mí?

Y la dificultad se acrecienta, cuando de lo que se trata es del AUTORRECONOCIMIENTO, es decir, de la posibilidad de autorresponderse preguntas como:

¿Quién soy? ¿Qué me reconozco de mí mismo?

¿Cómo me dicen los otros que soy?

 ¿Tiene esto que ver con lo que quiero ser?

Estas últimas, obviamente nos conectan con aspectos de nuestra propia identidad, que siempre se constituye, en definitiva, a partir de los otros y, -diríamos en la Ontología del Lenguaje-, de las conversaciones que mantenemos con los otros.

Por tratarse de la IDENTIDAD, que en Psicología decimos que surge de un proceso de identificaciones con tantos otros, digamos que la cuestión del RECONOCIMIENTO y del AUTORRECONOCIMIENTO nunca es menor.

No es lo mismo que formulemos una Declaración de este tipo o que no la formulemos, que la digamos o que la callemos, aún teniendo la oportunidad de decirla.

Ya vimos desde varios artículos, cómo para la Ontología del Lenguaje,  la palabra genera acción: si no reconocemos provocamos en el otro el resentimiento, y muy probablemente su alejamiento de nosotros, o que no esté disponible para ayudarnos cuando lo necesitemos nuevamente. En el mejor de los casos, la relación puede desgastarse, perder sustento, y aparece entonces la INDIFERENCIA, estado de ánimo por cierto, creo yo, mucho más temido que el odio.

Y no confundamos la gratitud con el RECONOCIMIENTO: decir gracias cierra el circuito de un ofrecimiento del otro hacia nosotros, en cambio el reconocimiento es una aceptación de la existencia del otro.

Lic. Mónica Silvia Reta