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Recomendado para gente ocupada…
Cada vez más médicos recomiendan la meditación como fórmula para mejorar la salud. Esta técnica milenaria ayuda a reducir el estrés y, con tiempo y paciencia, puede lograr una disminución de la presión sanguínea.
Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin, esta técnica produce más anticuerpos (los agentes defensivos de nuestro organismo) que los que se consiguen con la vacuna de la gripe. Además, su práctica activa zonas cerebrales relacionadas con las emociones positivas.

Si Ud. padece de ansiedad, ira, depresion, adicciones,pensamientos en exceso y esta confundido o irritado. Hipertension?, Obesidad?, Gula?, desesperacion? tabaquismo? drogas? alcoholismo?
No espere más, recorra el camino de la meditación..

Generalmente nos aconsejan, nos dicen, nos recomiendan, “mantenga la calma”, “todo pasará”..Ud debe cuidarse… “quien no tiene una situacion dificil”, “Ud debe bajar de peso, no coma esto y lo otro”.”No baje los brazos” etc etc palabras
Es comun recibir este tipo de mensajes….pero nadie nos dice “¿Cómo Hacerlo?”

Si deseas vivir una vida más llena, lo primero que quieres conocer es tu potencial, quien eres de verdad. Meditación es el camino hacia ese saber. Es la metodología de la ciencia de la observación.

La belleza de la ciencia interior es que permite, a quien quiera explorar y experimentar con ella, de hacerlo solo. Esto elimina la dependencia de una autoridad exterior. Elimina la necesidad de ser subsidiario de cualquier organización, y la obligación de aceptar una cierta ideología. Una vez que entiendas los pasos, caminarás tu camino de tu única manera individual.

Muchas de las técnicas de meditación requieren que uno se siente quieto y en silencio. Pero el estrés que hemos acumulado en nuestra mentecuerpo lo hace difícil. Antes de tener la esperanza de entrar en nuestra casa poderosa de conciencia, tenemos que soltar nuestras tensiones. La Meditaciones Activas de Osho™ se han diseñado científicamente para que concientemente expresemos y experimentemos emociones y sentimientos reprimidos, aprender el truco de observar nuestros patrones habituales de una manera nueva.

Hay muchas ideas diferentes aun contradictorias de que es la meditación.
La visión primordial es que el meditador entienda cual es la naturaleza de la mente en vez de pelear con ella.

La mayoría de nosotros estamos dominados la mayor parte del tiempo por nuestros pensamientos y emociones. Esto nos lleva a pensar que somos estos pensamientos y sentimientos. Meditación es el espacio de simplemente ser, sólo experimentando, sin interferencia del cuerpo o de la mente. Es un estado natural que hemos olvidado como conectarnos.

La palabra meditación es también usada para lo que es una técnica de meditar. Los métodos de meditar son técnicas o herramientas para crear un ambiente interno que nos desconecta del cuerpo-mente y uno simplemente es. Si bien, Inicialmente es una ayuda tomar un tiempo para practicar un método de meditación estructurado, hay varias técnicas que se practican en el contexto; una vez al día, de por vida – en el trabajo, en el tiempo libre, solo o en compañía.

Los métodos son necesarios sólo hasta que el espacio de meditación – relajación consciente, el estar centrado – forma parte de uno, como el respirar
Paz de la mente es un término contradictorio. La naturaleza de la mente es ser un comentador crónico. Lo que tu descubres con la meditación es la destreza de tomar distancia entre tu y el comentador, así la mente, que es un circo constante de emociones y pensamientos, no interfiere con tu estado inherente de silencio.

Enfocar, concentrarse o contemplar.


Enfocarse, concentrarse es estrechar la conciencia. Al concentrarte en un solo objeto excluyes todo lo demás. Al contrario, la meditación incluye todo, tu conciencia se expande.  El contemplador se enfoca en un objeto – tal vez un objeto religioso, una fotografía o se inspira en un aforismo. El meditador es simplemente conciente, de nada en particular.

Tomar decisiones.

Una decisión es buena cuando surge de la vida; es mala cuando surge de la cabeza. Y, si viene solo de la cabeza nunca es concluyente:siempre es un conflicto. Las alternativas continúan abiertas y la mente sigue y sigue, de uno a otro lado. Así es como la mente crea conflicto.

El cuerpo siempre está aquí y ahora, la mente no está nunca aquí y ahora, ése es todo el conflicto. Tú respiras aquí y ahora, no puedes respirar lo de mañana y no puedes respirar lo de ayer. Tienes que respirar en este momento, pero puedes pensar en lo de mañana y puedes pensar en lo de ayer
Así que, el cuerpo permanece en el presente y la mente continúa alternando entre el pasado y el futuro, y se da una división entre cuerpo y mente. El cuerpo está en el presente y la mente no está nunca en el presente; nunca se encuentran, nunca coinciden. Y, debido a esta división, surgen la ansiedad, la angustia y la tensión; allí es donde uno se encuentra.Esta tensión es preocupación.

Debido a esos días,surgirá una decisión, cualquiera que sea
Es irrelevante que decisión surge. La cosa más importante es de dónde viene; no lo que es,si no de dónde viene. Si viene de la cabeza creará aflicción.

En cambio, si una decisión proviene de tu totalidad, entonces nunca, nunca te arrepientes por un solo momento. Un hombre que viva en el presente no conoce nada del arrepentimiento; nunca mira hacia atrás, nunca cambia su pasado y sus memorias, nunca prepara su futuro.

Todo mi énfasis lo hago sobre este momento, porque este momento lo contiene todo. ‘Ahora’ es la única realidad, todo lo demás es memoria o imaginación. Incluso el ahora es necesario para que pueda existir como memoria. No existe como pasado; existe como un pensamiento en el presente
Es irrelevante que decisión surge. La cosa más importante es de dónde viene; no lo que es,si no de dónde viene. Si viene de la cabeza creará aflicción.
En cambio, si una decisión proviene de tu totalidad,entonces nunca, nunca te arrepientes por un solo momento. Un hombre que viva en el presente no conoce nada del arrepentimiento; nunca mira hacia atrás, nunca cambia su pasado y sus memorias, nunca prepara su futuro.

La decisión de la cabeza es algo feo. La misma palabra decisión significa ‘de-cisión’; te separa. No es una buena palabra. Te separa de la realidad. La cabeza de separa constantemente de la realidad.

Todo mi énfasis lo hago sobre este momento, porque este momento lo contiene todo. ‘Ahora’ es la única realidad, todo lo demás es memoria o imaginación. Incluso el ahora es necesario para que pueda existir como memoria. No existe como pasado; existe como un pensamiento en el presente.

Lo mismo sucede con el futuro: el futuro no existe como futuro, existe como imaginación en el momento presente. Todo lo que existe, existe en el ahora. Ahora es el único tiempo que hay.
La mente se tiene que traer al presente, porque no existe otro tiempo.

En http://www.alimentacion-sana.com.ar/informaciones/novedades/meditacion.htm

¿Qué es la Psiconeuroendocrinoinmunología?

La Psiconeuroendocrinoinmunología es considerada por muchos el paradigma de la medicina del futuro. Estudia la relación entre la psiquis, el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino, y ofrece nuevos abordajes para cambiar la forma en que las personas percibimos el mundo.

Los componentes de la PNEI son los neurotransmisores, las hormonas y las citoquinas que actúan como moléculas mensajeras llevando información entre los sistemas nervioso, endocrino e inmune.

Esta nueva rama de la ciencia nos muestra que la mente o la actividad del cerebro es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y alinearse a favor de la salud y el bienestar. Investigaciones recientes dan evidencia incuestionable de las interacciones mente-cerebro-cuerpo; a nivel molecular, celular y del organismo, que pueden impactar sobre la salud y la calidad de vida de los individuos.

El doctor Robert Ader es considerado el padre de la PNEI; en el año 1974 reescribió el mapa biológico del organismo y su descubrimiento -realizado en la Universidad de Rochester- causó un gran impacto cuando demostró que el sistema inmunológico podía condicionarse.

Si se puede condicionar el sistema inmunológico, es porque se encuentra bajo el control del sistema nervioso; y, a su vez, el sistema nervioso está bajo el control de nuestros pensamientos.

El descubrimiento de Ader llevó a la investigación de lo que resulta ser una infinidad de modos en que el sistema nervioso central y el sistema inmunológico se comunican, sendas biológicas que hacen que la mente, las emociones y el cuerpo no estén separados sino íntimamente interrelacionados. El sistema inmunológico es el cerebro del organismo.

Las Moléculas de Emoción:

Se ha demostrado con claridad que existe una conexión entre la mente y el cuerpo, y es la Psiconeuroendocrinoinmunología la que nos proporciona ahora algunas respuestas, ayudándonos a entender mejor cómo se transforman las emociones en sustancias químicas, moléculas de información que influyen en el sistema inmunológico y en otros mecanismos de curación del cuerpo. Algunos de los trabajos más interesantes en este campo se deben a la doctora Candace Pert, Directora del Departamento de Bioquímica Cerebral del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos. Entre las conclusiones más importantes que se desprenden de su trabajo podemos enunciar:

*Que la mente, las ideas y las emociones afectan a nuestras moléculas, a nuestra salud física, mucho más de lo que se creía. Las emociones son un puente no solo entre la mente y el cuerpo, sino también entre el mundo físico y el espiritual;

*Que todas las moléculas poseen un aspecto vibracional y otro de partícula o fisiológico. Las moléculas de las emociones afectan a todas las células del cuerpo;

*Que esas moléculas y las válvulas del corazón, los esfínteres del aparato digestivo, la propia digestión, está todo regido por las moléculas de emoción que tienen una acción física;

*Que el ser humano es su propio productor de drogas, que sólo tiene que volver a aprender a estimular sus drogas endógenas, según sus propias necesidades y deseos. La gama de drogas endógenas abarca desde estimulantes, antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos, etcétera. Por lo tanto, se pueden estimular algunas sustancias específicas con ayuda de ciertos métodos personalizados y a través de estos estímulos es posible modificar el curso de nuestra biología.

Cada uno de nosotros posee su propia farmacopea natural -la más fina droguería disponible al menor costo- para producir todas las drogas que necesitemos a fin de poner en marcha nuestro sistema cuerpo-mente, precisamente de la manera en que fue diseñado para funcionar durante siglos de evolución.

La Plasticidad del Cerebro:

Examinar ideas, creencias y sentimientos resulta una experiencia de cambio de vida. Las neurociencias han dado origen al concepto de neuroplasticidad, que no es otra cosa que la habilidad natural del cerebro para formar nuevas conexiones.

Cada vez que aprendemos y transitamos por experiencias nuevas, cientos de miles de neuronas se reorganizan. La ciencia empieza a entender que, además de permitir que el entorno modere nuestro cerebro, podemos crear conexiones en él, con solo enfocar nuestra atención en un pensamiento.

En cada nueva experiencia, una nueva conexión sináptica se establece en nuestro cerebro con cada sensación, visión o sentimiento nunca antes explorado. Una nueva relación entre dos de las más de cien millones de células cerebrales se establece de manera inevitable, si la experiencia se repite en un lapso relativamente corto, dicha conexión se fortalece; si no lo hace en un largo período, la conexión se debilita o se pierde.

La plasticidad del cerebro o la capacidad de cambiar su forma física constituye una de las propiedades más asombrosas en el campo de la neurobiología.

Las emociones y los recuerdos de las experiencias están codificados en redes neuronales, y las redes neuronales están conectadas al hipotálamo. La buena noticia es que podemos salir de este circuito; todo lo que tenemos que hacer es activar nuevas redes y los químicos comenzarán a fluir internamente logrando el cambio que elegimos realizar.

Todo cuanto sentimos y pensamos es el resultado de complejos procesos neurobioquímicos; esto es indiscutible, los procesos emocionales al igual que los cognitivos pueden explicarse por el funcionamiento de hormonas y neuronas.

Muchos científicos han llegado a observar que son las emociones las que unen la mente y el cuerpo. Esta visión más holística complementa la visión reduccionista, expandiéndola en lugar de reemplazarla, y ofrece una nueva manera de pensar acerca de la salud y la enfermedad.

Nuestros genes no están enterrados en nuestra biología a una profundidad remota de nuestra consciencia y preocupaciones cotidianas. Muy por el contrario, nuestros genes se manifiestan en todo momento en respuesta a todo lo que estimula nuestra curiosidad, nuestra sorpresa y fascinación.

Nuestros genes están expresados en el drama continuamente cambiante del fluir de eventos significativos de la vida. Nuestros genes se activan y se desconectan en respuesta a nuestras esperanzas, deseos, fantasías y sueños. Esta capacidad de respuesta es la responsable del hecho de que el determinismo genético, tal vez en poco tiempo, se transforme en un mito.

En www.fundacionsalud.org.ar

 

La mente y el cuerpo están intrínsecamente ligados y su interacción ejerce a cada segundo una profunda influencia sobre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte. Actitudes, hábitos y estados emocionales, desde el amor hasta la compasión, y desde el miedo hasta el resentimiento y la rabia, pueden desencadenar reacciones que afectan nuestra química interna optimizando o debilitando nuestro estado funcional.

Todos disponemos de un potencial bioquímico para crear salud y está en nuestras manos desarrollarlo. En un encuentro con Stella Maris
Maruso, autora de El laboratorio del alma, abordamos el tema de un nuevoparadigma en medicina: la psiconeuroendocrinoinmunología.
Desde la psiconeuroendocrinoinmunología, las neurociencias, la epigenética y la biología de las emociones y de las creencias, Stella Maris Maruso se propone llegar al corazón de la gente para compartir historias de sanación de muchos seres que mostraron el milagro de haber accionado su laboratorio interior,
logrando la sanación de una enfermedad considerada incurable para la medicina.

Su misión es ayudar a caminar sobre el fuego para no sentir que las brasas queman. Stella Maris Maruso amalgama tibieza y fortaleza en su trato, cuando relata la tarea que realizan en la Fundación Salud, ubicada en Esteban Echeverría, provincia de Buenos Aires. La pasión la invade y sus comentarios llegan hasta el alma de los que la escuchan. Captura la atención de tal manera que entre quienes la escuchan hasta pueden brotar las lágrimas.

Maruso, tanatóloga, discípula de la psiquiatra suiza Elisabeth Kubler Roos,
quien sentó las bases de los cuidados paliativos para que el enfermo afronte la muerte con serenidad, trabaja con seres que sufren profundamente. Se ocupa de mitigar el dolor, el alma lastimada por la desesperanza. Ayuda a bucear en caminos que aplaquen la angustia perturbadora de una enfermedad temida, de una discapacidad, de la muerte de un ser amado, de una de esas crisis que llevan a sentir el infierno.

Con un equipo multidisciplinario busca que quienes se acercan a la Fundación transformen el dolor y le resten valor y peso al miedo. Promueve la resignificación de cada situación insoportable, al proponer ver la vida, y lo que cada uno experimenta, desde un lugar más amigable para que los sentimientos dejen de corroer el alma y aniquilar la existencia que sigue latiendo a pesar de la adversidad.

“Frente al dolor –dice, todos somos iguales. Desde que comencé peleo contra los pronósticos condenatorios. Creo que cuando los médicos dan estos pronósticos crean desesperanza, y eso es duro porque los matan antes de tiempo.
La esperanza es la posibilidad de que algo pueda ocurrir. Carl Simonton, un oncólogo pionero por su visión psicosocial de la enfermedad, decía
que el poder más grande de un médico es el de la palabra. El médico
es la primera medicina”, comenta.
Y agrega que todos contamos con un enorme potencial para sanar las heridas del cuerpo y del alma, y hacia la búsqueda de ese potencial encamina su tarea. Con tres décadas de historia acompañando a quienes atraviesan crisis severas, se refiere a cómo la mente puede colaborar en el mantenimiento y en la recuperación de la salud, y resalta el valor de las emociones.

Stella Maris Maruso es tanatóloga, discípula de Elisabeth Kübler-Ross, terapeuta biopsicosocial. Conferencista internacional sobre el poder de autorregulación del cuerpoa través de la generación de drogas endógenas. Directora de la Fundación Salud, donde imparte seminarios sobre Inteligencia Emocional, Sanación Espiritual en Medicina y su Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo (P.A.R.A.) dedicado a personas con graves dolencias del cuerpo y delalma.
Ha asistido a más de 20.000 pacientes con cáncer y otras enfermedades.
Es autora de El Laboratorio del alma y El laboratorio interior (Ediciones B).

En http://fundacionsalud.org.ar/pdf/laboratorio_del_alma_womenshealtharg.pdf

 

En www.coachingypsicologia.com.ar

Preguntas comunes pero nada inocentes!!!!!!!

Vayamos por partes …
Todos sabemos que nuestros afectos y emociones mueven montañas … Nuestros antepasados prehistóricos se valían de su miedo para sobrevivir, de su alegría para estar más unidos, de su ira para defender sus territorios, de su amor para procrear.
Hoy, en pleno siglo XXI, podemos darle un uso diferente a las emociones: para aclarar las intenciones, consolidar los vínculos entre miembros de un equipo, para motivar, y lo que no es menos importante, para aportar un significado personal a las horas que dedicamos a nuestro trabajo.
Justamente, la inteligencia emocional en nuestro entorno laboral nos permite aplicar nuestra conciencia y sensibilidad para discernir los sentimientos que subyacen en la comunicación con los otros y para resistir la tentación, tantas veces, de reaccionar de manera impulsiva e irreflexiva. En el contexto empresarial, podríamos rebautizarla entonces como “conciencia ejecutiva”, ya que tiene en cuenta, además, los factores que pueden conducir a una toma de decisiones satisfactoria y productiva: la rentabilidad, el mercado, la gestión del personal, y la política de la empresa, entre otros.
Mediante una suerte de “introspección emocional”, entonces, podemos meditar acerca de las emociones que nos surgen a cada paso en las decisiones que tomamos, adquirir mayor visión de lo que nos dará resultado a largo plazo, desarrollar la habilidad de obtener apoyo emocional de los otros cuando tengamos que resolver nuestras propias emociones negativas, y en definitiva, ponernos en el lugar del otro (ejercitar la empatía), y escucharlo mejor para poder comunicarnos y hacer mejor con él/ellos.
En definitiva, obtener apertura emocional en el trabajo, produce esencialmente dos beneficios: la revelación de los sentimientos sobre nosotros mismos, tales como la confianza en nuestras propias capacidades, y en segundo lugar, el apoyo auténtico de los demás, que acercarán a nosotros sus talentos e ideas productivas.

¿BENEFICIOSO PARA UN LÍDER?
La respuesta es más que obvia, sobre todo si se entiende que este tipo de liderazgo es el único que tendrá futuro en las organizaciones.
Ahora bien, desde el Coaching Ontológico, las posibilidades de ajustar y perfeccionar este proceso de “toma de conciencia y aprendizaje sobre las emociones”, como a mí gusta llamar a la Inteligencia Emocional, es enorme. Y baso esta apreciación mía, en la idea de que los seres humanos somos un sistema de emociones, cuerpo y lenguaje. Lo que nos ocurra en cualquiera de estos dominios nos afectará indefectiblemente en los otros. Ello nos invita, justamente, a intervenir en forma simultánea en los tres para asegurar que las transformaciones producidas en uno de ellos se encuentren con cambios que les sean coherentes, en los otros. Por ejemplo, no basta introducir un cambio en la emocionalidad en la que se encuentra una persona, si el tipo de conversaciones que tiene, es coherente con la emocionalidad del pasado.
Por ello el proceso de Coaching es integral: a nivel de las emociones, del cuerpo y del lenguaje, y apunta a que la persona que lo recibe (el coachee), pueda convertirse en un observador diferente.
El objetivo fundamental de este proceso, en definitiva, es mostrarle su poder de acción como persona, en relación al mundo y a las circunstancias que percibe, propendiendo a estabilizar y sostener cambios generativos en los tres dominios, que apunten siempre a resultados buscados, en cualquier área de la vida.
En próximos artículos veremos cuáles son los pasos específicos de un Coaching desde el foco de las emociones: especificar cuál es la emoción que se experimenta en cada situación a trabajar, modificar juicios e interpretaciones que sostienen emociones negativas, rediseñar estados de ánimo, rediseñar las acciones para generar otras emociones, hacer un proceso de aprendizaje en cascada o escalera, y obtener retroalimentación de acciones en curso.

 

Lic. Mónica Reta.

 

¿Cómo decís lo que sentís?

     El gran tema de expresar lo que sentimos en las conversaciones con los otros, sin estropear por ello la relación: que nuestras Emociones sean sinceramente expuestas, pero no intoxiquen. En todo caso, se trata de “no tragarse los sapos pero tampoco vomitar dragones”, como suena en un dicho popular.

En muchas organizaciones ésto constituye una dificultad que cuesta mucho dinero, si se calcula la improductividad que genera entre las personas. No decir claramente a tiempo lo que sentimos, de la mano de lo que pensamos, es más que peligroso …

Tomo para ilustrar este tema, extractos de un capítulo de uno de mis autores favoritos, Fred Kofman, de su libro “Metamanagement”, en relación a la distinción que hace entre Conversaciones públicas y privadas:

” … Si uno derrama sin procesar, la columna izquierda, su vínculo con los demás se asentará en la inconciencia, la impulsividad y los mecanismos automáticos de defensa. Vomitar la columna izquierda puede hacer que uno se sienta mejor, incluso le puede permitir creerse “honesto”. Pero esta “honestidad” es lamentable. Tal honestidad “expresada en forma literal” es totalmente improductiva y antisocial: dificulta la resolución de problemas, destruye las relaciones humanas y contradice nuestro principio acerca del respeto que merece el otro …

Pero “tragarse” los pensamientos y sentimientos tampoco produce resultados del todo felices … Cuando la situación real no sale a la luz, se pierde una inmensa cantidad de tiempo discutiendo temas tangenciales. Además, quedarse con todo este material tóxico en las tripas es altamente insalubre. Hay abrumadoras evidencias médicas acerca de cómo esos pensamientos y sentimientos reprimidos se reflejan en transtornos corporales (migrañas, malestares estomacales, alta presión arterial, etc) y psicológicos (estrés, ansiedad, resentimiento, depresión, etc). A veces estos conflictos ocultos se vuelcan en el lugar equivocado y la descarga ocurre sobre algún inocente (empleado, cónyuge, hijo). Estos desórdenes psicofísicos amenazan no sólo la calidad de vida, sino la vida misma (Muchos oncólogos aceptan hoy la conexión entre emocionalidad reprimida y propensión al cáncer; muchos cardiólogos aceptan hoy la conexión entre emocionalidad reprimida y propensión al infarto). Finalmente, es imposible desarrollar una relación auténtica basada en la hipocresía. La sinceridad es condición sine qua non de todo vínculo genuino.

El dilema de la columna izquierda.

A esta altura nos encontramos ante un terrible dilema:

Primero,uno no puede controlar la aparición de los pensamientos y sentimientos que hay en su columna izquierda.

Segundo, si uno no los expresa, puede arruinarlo todo. Los pensamientos y sentimientos de la columna izquierda son tan tóxicos que crean conflictos, impiden la solución de los problemas, pueden destruir los vínculos y atentan contra los valores éticos de la persona.

Tercero, también es malo no expresarlos en absoluto. Las “toxinas” se vuelven contra uno mismo, que acumula estrés, oculta el verdadero problema, genera relaciones hipócritas y traiciona su propia honestidad.

Esta situación es desesperante en sí misma, pero lo peor es el aspecto que sigue.

Cuarto, ¡realmente no hay alternativa! Aunque podamos guardar los detalles del contenido de la columna izquierda, no se puede esconder su energía.

Procesando la columna izquierda.

Primer paso: la toma de conciencia. El mero hecho de escribir la columna izquierda implica un esfuerzo de auto-observación genuina. A ello le sigue un proceso de autoaceptación. Necesitamos abrir la conciencia para aceptar incluso aquellas cuestiones personales que contrarían nuestra autoimagen. Aceptar, sin embargo, no quiere decir validar. Uno puede aceptar que experimenta un impulso automático de agredir a quien está en desacuerdo con lo que dice, pero eso no significa que apruebe esa tentación.

Segundo paso: la asunción de responsabilidad. Hacerse cargo de que uno siempre puede responder a sus circunstancias. La clave de la transformación es sentirse protagonista: ¿”En qué medida estoy contribuyendo a la pobreza de esta conversación? Y a estas rutinas defensivas?”

En el mejor de los casos, cada interlocutor estará asumiendo un 100% de responsabilidad por el proceso y los resultados de la interacción.

Llamamos a ésto operar con el 200% de responsabilidad en la relación.

Tomar la responsabilidad es distinto a cargar con culpas. En vez de creer que la columna izquierda es un error o una desgracia, quien opera con responsabilidad comprensiva, considera a los pensamientos difíciles como la semilla para una mejora en las relaciones.

Tercer paso: revisar las propias intenciones respecto de la conversación. La regla de oro aquí es “no hagas a los demás lo que no quieres que ellos te hagan a ti”. A nadie le gusta sentirse manipulado, por lo tanto es contraproducente intentar manipular a los demás. Por ello, sólo condicionaremos la satisfacción, a nuestra propia conducta: en vez de “convencer al otro de que tengo razón”, “le explicaremos nuestro punto de vista”; en vez de “hacer que cambie de idea”, “le mostraremos las ventajas que vemos en una idea alternativa”; en vez de “conseguir que haga lo que quiero”, “le pediré que haga lo que quiero y lo incentivaré mostrándole los valores que ambos podemos adquirir”. Estos objetivos de proceso, no niegan los deseos de resultado, pero en vez de expresarlos de forma manipuladora, se presentan respetuosos de la autonomía del otro.

Cuarto paso: analizar críticamente las opiniones e interpretaciones de la columna izquierda. Este análisis ayuda a ver que la columna izquierda no es la verdad, sino sólo una perspectiva posible de la situación. Pasa por los siguientes puntos:

a) “apropiarse” de la opinión, reconociendo que es mi opinión subjetiva;

b) buscar los hechos que la sustentan;

c) identificar y analizar los criterios con los que hago mis observaciones;

d) encontrar el interés o la preocupación que hacen que la opinión sea relevante;

e) estimar las consecuencias, en las acciones, que devienen de estas interpretaciones:

f) comparar esas acciones posibles con mis valores éticos, para elegir un curso de acción efectivo y honorable.

El último paso es:

g) darse cuenta de que así como uno puede procesar su propia columna izquierda, también puede invitar a su interlocutor a hacer lo mismo con la propia, con los puntos desde a) hasta f).

En cada conversación inefectiva se esconden semillas para el aprendizaje y la transformación. Tal vez la competencia más importante de los seres humanos y de las organizaciones sea la capacidad de “procesar” los errores para convertirlos en oportunidades de mejora, dado que son, justamente, la materia prima del crecimiento …”

(Tomado de “Metamanagement”, Fred Kofman, Ed. Granica, Tomo 2, capítulo 9: “Conversaciones públicas y privadas”)

 

Lic. Mónica Reta.

 

 
 

Entender cómo nuestras emociones pueden modificar, desde nuestra postura corporal, hasta nuestra salud física … Hoy en día, existen numerosos estudios científicos que corroboran esta afirmación.
No obstante, la idea de que lo que sentimos como afectos, estados de ánimo y emociones puede realmente enfermarnos, no ha sido tomada hasta ahora, verdaderamente en cuenta, por una sencilla razón: seguimos pensando y “viviendo” nuestro cuerpo, como algo separado de nuestra psiquis y nuestro espíritu. La clave? Seguramente AUTOOBSERVARNOS y por qué no AUTOSORPRENDERNOS …
Los seres humanos podemos mirarnos desde tres ámbitos o dominios: el cuerpo, las emociones y el lenguaje. A través de éste, distinguimos (ponemos nombre, explicamos), a los objetos y hechos que percibimos a nuestro alrededor. Obviamente también distinguimos nuestro cuerpo y nuestras emociones.

Cada cambio que nos suceda en un dominio, afectará inevitablemente a los otros dos. Por ej., los cambios en nuestras emociones: un susto, alarma, alegría, vergüenza, enojo, o cualquiera otra que nos surja, modificará nuestra postura corporal, y nuestro lenguaje. En el caso del enojo, por ej., nuestros músculos se tensarán, los gestos de la cara se endurecerán, los latidos de nuestro corazón probablemente se acelerarán, nuestros hombros e tornarán un “escudo” hacia adelante, y nuestro andar se hará más rápido, pero también más rígido.
El lenguaje de nuestras conversaciones (hagamos éstas públicas o sólo privadas), contendrá juicios e interpretaciones de agravio personal, de hostilidad del mundo y las personas que nos rodean, hacia nosotros, de bronca de nuestra parte hacia ellos, de impotencia personal para salir de dónde estamos, etc.

Pues bien, nuestro cuerpo es esa dimensión que “vivimos y sentimos” todos los días, como parte de lo que somos y no sólo como un envoltorio que tenemos o portamos mientras vamos por el mundo. Y este cuerpo ha registrado todas esas emociones y vivencias propias definiendo su propia forma de ser: sus posturas, tensiones, formas de respirar, andar, pararse frente al mundo, son reflejo de sus experiencias pasadas, y definen a la vez, la forma en que puede vivir el presente.

Quizás una persona que anda por la vida encorvada, como “tapada”, con el rostro semiinclinado hacia abajo, sus hombros hacia delante, y su caminar pausado, muestra con ello su baja autoestima, su tristeza o su depresión. Y así también juzga al mundo: hostil, sin posibilidades para él/ella, incierto y/o como un espacio en el cuál debe luchar y defenderse.

Introducir cambios en alguno de los tres dominios, puede también aportar cambios en los otros.
Las emociones, por ejemplo, son disparadas por ciertas acciones (quién no siente susto ante un golpe estrepitoso e inesperado, por mencionar sólo alguna?). Pero asimismo son ellas las que predisponen a la acción: desde el susto me quedo inmóvil, desde el enojo permanezco impotente, desde la alegría me acerco a los otros y “hago”, desde la tristeza lloro, etc. No digo que hago sólo eso, simplemente digo que cada emoción trae aparejada sus propias posibilidades, y no mucho más …

Cambiar las emociones que son reiteradas o permanentes, que se han cristalizado como “estados de ánimo”, nos ayudará a abrirnos a otras posibilidades de acción.

Entonces: si cambio algunas acciones, cambian mis emociones espontáneas. Por ej. Si dejo de caminar por la noche, por las calles más oscuras y sombrías de mi barrio, dejaré de sentir ese miedo inmediato.

Pero el miedo instalado como estado de ánimo, requiere además, que cambie primero mi lenguaje. Es decir, los juicios que tengo sobre el mundo que me rodea, y que me hacen ver que todo puede ser temible, fuente de peligro, potencialmente agresor, y que me recuerdan una y otra vez: “No salgas”, “no lo hagas”, “no te expongas”. Solamente cuando me cuestione: ¿por qué no salir?, ¿de qué me sirve no hacerlo?, etc, etc, podré abrirme a la posibilidad de salir, de hacerlo, de probarlo y de mucho más.

Cambiar la tristeza por la esperanza, por ej., la rabia o la bronca por la empatía, para poder reconocer qué le sucede al otro, que a mí me hace tan mal, la indiferencia por la curiosidad, por citar algunas alternativas, son las puertas a cambiar nuestras acciones, nuestra relación con los demás, y por lo tanto, surgirá de ello, un cambio en nuestros juicios sobre cómo es el mundo y cómo son las personas con las que interactuamos.

Ello nos permitirá modificar nuestras cargas y tensiones corporales, nos relajará, mejorará nuestra respiración, nuestro ritmo cardíaco, y la armonía psíquica que nos traerá aparejada, redundará en beneficio de nuestra energía vital toda.

Lo que debemos tener en cuenta es que un cambio en un solo dominio, no alcanza para un cambio sostenido, en los otros dos: cambiar nuestra forma de pararnos frente al mundo, por ej., no cambiará nuestras emociones definitivamente. Para ello, “tendremos que girar también el ángulo desde donde nos paramos”. Esto, entendámoslo como empezar a ver que existen otras formas de “hacer” posibles, de acordar y coordinar acciones con los otros, de acercarnos y hacer contacto, de encontrarnos con el éxito personal, que seguramente nos sacarán de la emoción de la autodescalificación y la depresión, y nos aportarán juicios mucho más generativos sobre el universo circundante.

Sólo observando “cómo estamos siendo”, a cada momento, en los tres dominios de nuestro ser, y actuando en forma consecuente, podremos entonces sostener un

VERDADERO CAMBIO DE SER.

Lic. Mónica Silvia Reta

 
El STRESS aparece comúnmente definido en los ámbitos científicos como la respuesta física y emocional que ocurre en un individuo, cuando éste se ve desbordado por múltiples demandas a las que no puede responder desde sus capacidades y recursos propios.
Exigencias laborales, conflictos de índole familiar, exceso de responsabilidades de todo tipo, falta de tiempos de descanso adecuados, de esparcimiento y de ocio. Estos pueden ser algunos de los tantos responsables del “stress moderno”

Existe una crucial diferencia entre las funciones cerebrales que se activan cuando cualquier desafío moviliza y motiva a la persona (“stress bueno”), y las que lo hacen cuando lo que ella percibe son situaciones que la amenazan, abruman y hasta paralizan o desmoralizan (“stress malo”).
Los elementos químicos cerebrales que generan entusiasmo frente a un desafío, entran en funcionamiento cuando nuestro nivel de energía es alto, nuestro esfuerzo máximo y nuestro humor positivo. Se denominan catecolaminas y dependen de la activación del sistema nervioso simpático y las suprarrenales.
Pero una vez que el cerebro asume la posición de emergencia, comienza a bombear cortisol; sin embargo trabajamos mejor a un nivel más bajo de excitación cerebral, cuando sólo participa el sistema de catecolaminas. Y para elevar el cortisol, tampoco es necesario llegar a la situación de quedar desempleado, o a una crisis terminal de agotamiento; bastan para ello el aburrimiento, la frustración, la impaciencia y hasta el cansancio.

Por tanto, el eustress (“stress bueno”) hace referencia a la presión que nos incita a la acción. Los elementos bioquímicos que se activan, incitan al cerebro a mantenerse atento e interesado y lo energizan para un esfuerzo sostenido.
Un estudio de origen alemán, citado por D. Goleman en su libro “La inteligencia emocional en la empresa” muestra esta relación entre la motivación y la química del eustress: “… Se asignó a un grupo de voluntarios una tarea mental difícil: debían resolver 120 problemas aritméticos en un período cada vez más breve, hasta que se equivocaran una de cada cuatro veces. Cuando se les verificaban las respuestas, si eran ciertas, recibían una recompensa en efectivo, si estaban equivocados, se los penalizaba con la misma suma.
Los voluntarios que tenían más esperanzas de éxito, eran los más capaces de mantener esa movilización en un nivel que produjera mayormente catecolaminas. Pero quienes actuaban motivados por el miedo, se llenaban de cortisol.
Esto resultó tener un efecto autorreforzante. Los que tenían bajo nivel de cortisol podían pensar bien y prestar atención durante la prueba, se mantenían alertas, serenos y productivos. El efecto sobre el desempeño fue dramático: ganaron más del doble de sus colegas”…

Podemos concluir aquí que el stress puede definirse como un fenómeno psicosomático, en el cuál, una emoción desencadena efectos fisiológicos, que a su vez predisponen para cierto tipo de emociones y las conductas que se derivan de ellas. Las transformaciones que tienen lugar entre la mente y el cuerpo se denominan transducciones.
En el stress vernacular, la energía de la emoción, por ejemplo, del enojo, se transduce en la energía de la contracción del miocardio (aumenta el ritmo cardíaco) y de la producción de mensajeros químicos como la adrenalina y la noradrenalina …”

La conclusión a la que podemos arribar aquí, sobre todo tomando los comentarios de Goleman, más arriba, es que, en el caso de las emociones positivas, el proceso psicosomático potenciaría los efectos positivos en las conductas finales (entusiasmo, productividad), mientras que en las negativas, ocurriría a la inversa. Quizás el efecto final de todo este proceso, en el “stress malo”, sea la enfermedad orgánica, que se cita en distintos lugares como las manifestaciones del cuadro de Stress en su estadio final (Burn Out).

Ahora bien, entendamos que los síntomas y signos psicológicos que habitualmente se atribuyen a un cuadro de stress: altos niveles de ansiedad, irritabilidad elevada, sentimientos de depresión, incapacidad de manejar emociones, apatía, confusión en el pensamiento, no han de ser diferentes a los que el individuo experimentó, en un primer momento, frente a situaciones “stressantes”, y que luego, el mecanismo psicosomático que acabo de describir, se encargó de cristalizar como forma de respuesta permanente frente a dichas situaciones.

Lo que debemos tener en cuenta, en cualquier caso, y como idea principal, es que el área laboral de la vida de una persona, es una de las principales causas de stress, por una diversidad de factores que ella encierra.
Pero además de ello, estos síntomas no son exclusivos del stress, por lo cuál, si estoy frente a un empleado que los padece, tengo que hacer dos cosas:
-realizar un diagnóstico individual de lo que le está sucediendo: su particular constelación de síntomas y factores que lo están causando;

-desestimar la posibilidad de que el stress esté acompañado por otros cuadros psicológicos (por ej. depresión, fobias). En tal caso, indicaremos tratamiento psicológico.

Si además observo que esa persona presenta dificultades para concentrarse en la tarea, desinterés y/o falta de involucramiento personal en ella, tengo otros elementos que se suman a favor de la hipótesis de un cuadro de Stress.

Si finalmente encuentro que hay puntos críticos en él/ella, como por ejemplo, la determinación de metas y objetivos para el futuro, así como el reconocimiento de aspectos de sí mismo, puedo suponer que ello tiene que ver con aspectos confusionales del pensamiento e incapacidad de expresarse claramente, lo cuál, si bien puede obedecer a diferentes cuadros psicopatológicos, también puede ser síntoma de stress.

Mi hipótesis puede finalmente corroborarse si esta misma persona revela, en sus comentarios, dificultades en su vida diaria, para contactarse con los otros, para organizar su tiempo, para priorizar lo que quiere y le interesa hacer, y para decir que NO a cualquier demanda o requerimiento de los otros, (en especial de su ambiente laboral).

¿Cómo trabajo desde el Coaching Ontológico?

En este caso, me interesa vincular las emociones que producirían el stress, con las acciones que son las disparadoras de estas emociones, para así poder intervenir en el circuito acción -  emoción -  “efecto stress”

El Coaching Ontológico le permite al individuo cuestionarse, desde su particular percepción del mundo, qué acciones habitualmente realiza y/o tiene disponibles para realizar. Y en este punto, cuáles son sus emociones (qué siente) y cuál es su estado de ánimo (emocionalidad permanente). A su vez, le permite cuestionarse qué resultados le aparecen ante estas acciones, y en todo caso reformular esta cadena:
Percepciones   -     Acción    -    Resultados.
A partir de aquí, yo puedo, por ejemplo, realizar un ejercicio con la persona consultante, en el que le pido que piense en una emoción que experimenta en forma recurrente, por ej., la ansiedad o irritación, que puede ser representativa, justamente, de un cuadro de stress.
Luego le pido que recuerde , cuáles fueron las acciones, propias o de terceros, en la última semana, que desencadenaron en él/ella, tal emoción de ansiedad o irritación, y qué pasó a partir de allí (cuál fue el resultado de cada una de esas situaciones).
Las acciones que refiera pueden ser varias: el tratar de hacer dos o tres tareas a la vez, exigirse atención a dos personas que le hablan simultáneamente de cosas diferentes, no poder responder ante una agresión externa, no verbalizar su incomodidad ante una discusión o una imposición de terceros, etc. Este ejercicio lo puedo hacer también en parejas: uno puede comentarle al otro sus acciones, y esto enriquece obviamente la percepción general de cada uno.

En este punto, recurro a otro dominio fundamental: la corporalidad. Todo cambio en las emociones genera cambios en el cuerpo. Desde la corporalidad externa (posturas, gestos, esquema corporal), esto se manifiesta en disposiciones que el individuo puede reconstruir a partir de preguntas claves, por ej.:

“¿Cómo siente Ud. la ansiedad en su cuerpo?; ¿Cómo representaría con su cuerpo, el estar ansioso/irritado, etc?”.

Así, cada individuo puede “representar” el cuerpo de la ansiedad (o de cualquier otra emoción), mientras el otro lo observa, y luego le devuelve, “en espejo”, imitándolo, esa representación, inclusive magnificada, de sí mismo. Con lo trabajado hasta aquí, el individuo puede reconocerse, e implementar cambios necesarios, tanto para evitar acciones “generadoras de stress y enfermedad”, como disposiciones corporales que ocasionen dolor, tensión, rigidez, contracción, y sobre todo, percepciones y emociones relacionadas con el malestar.
Esta es una de las tantas técnicas utilizadas en el Módulo de Abordaje de situaciones de Stress y presión laboral, que encontrarás dentro de los Asesoramientos de Coaching individual, con todo su desarrollo temático.

En próximos artículos iremos desplegando otros puntos del mismo, que utilizo, en general, para gente “bombardeada” por la realidad de su trabajo diario.
Lic. Mónica Silvia Reta

Existe una creencia “casi popular”, diría yo, en el seno de muchas organizaciones y empresas, incluso en las de primer nivel, acerca de cómo se genera el conocimiento y la estrategia de éxito para los negocios. Esa creencia sostiene que para ello sólo es necesario contratar a los mejores profesionales, capacitarlos si es necesario, y en todo caso, impedirles que se estorben unos a otros. Y también la idea de que sus capacidades y destrezas se combinarán naturalmente … Pero lamentablemente, ésto no funciona así en la vida real. En cambio, estas “competencias” individuales tienden a cerrarse en sí mismas cada vez más. Las organizaciones ven duplicarse sus conflictos y aún sus esfuerzos por superarlos, a menos que operen un ciclo a gran escala, destinado a desarrollar conocimientos, procesos y prácticas colectivas …

Ahora bien, la transformación colectiva comienza por los individuos. Y por individuos con disposición a aprender. Porque lo que requiere una organización para vivir y evolucionar en el mundo actual, no viene ya dado en algunos talentos, ni es una cuestión de la actuación individual de éstos. Es una cuestión de aprendizaje compartido que comienza por la convicción y la disposición de cada uno, para asumir que:

*en la organización en que trabajamos, todos actuamos de la mejor manera que sabemos, de acuerdo a nuestros “modelos mentales”, o paradigmas, o formas de entender la realidad que nos toca;

*estos modelos son sólo mapas parciales de un infinito territorio;

*el respeto por el otro debe ser una norma radical de convivencia.

Sólo a partir del momento en que estos supuestos sean compartidos por los individuos de un grupo, se puede generar una atmósfera conducente al aprendizaje. Aprendizaje en comunidad, para generar “comunidades aprendientes”, es decir, grupos de pares, y jefes-subordinados, que estarán continuamente en la búsqueda de obtener mejores herramientas, ser y hacer mejor. Y esta atmósfera podrá trasladarse de un equipo a la organización toda.

Para ello, utilizaremos una estrategia de intervención desde el Coaching Ontológico, aplicado a la estructura y la particularidad de cada organización, cada empresa, cada grupo humano. Y esta estrategia nos permitirá generar lo que denominamos APRENDIZAJE TRANSFORMACIONAL: un aprendizaje que genere cambio, que opere, que se asimile, en tanto se vive la experiencia del trabajo con otros, del hacer común.

Por ejemplo, uno de los tradicionales modelos empresarios que el bordaje del Aprendizaje Transformacional cuestiona, es el que supone que saber es más importante que aprender, y que apoyarse en las viejas respuestas es más seguro que abrirse a nuevas preguntas. Fundados en el modelo del “sabedor autónomo”, los gerentes han desarrollado conductas defensivas tales como: resolver problemas por sí solos, tratar de controlar a sus equipos autocráticamente, siempre mostrando su mejor imagen pública y jamás diciendo “yo no sé”. El precio que dichos individuos y sus compañías pagan por tal comportamiento es enorme. Se han convertido en lo que Chris Argyris llama “capacitados en incompetencia”.

Con el objeto de minimizar sus sentimientos de vergüenza y las amenazas que puedan provenir de sus errores, adoptan tácticas a través de las cuáles rechazan su responsabilidad personal. Estas rutinas defensivas le quitan poder a la organización y le pueden generar enormes pérdidas. En muchas organizaciones, por ejemplo, convierten o distorsionan el trabajo en equipo, en lo que se ha denominado “pensamiento grupal” o meras ideas sobre el grupo de trabajo. Entonces, puede ocurrir que, si un integrante del equipo señala su preocupación por la orientación que éste está tomando, lo tilden como un “débil integrante del equipo”, cuando en realidad puede convertirse en una fuente posible de aprendizaje. Esto conduce finalmente a que nadie se anime a expresar desacuerdos durante las reuniones, y aún más, se sostengan supuestos no verificados, como certezas incuestionables. Como resultado de ello, quienes detentan la autoridad toman decisiones arbitrarias y la organización cae en un estado de ánimo de resignación y resentimiento.

El costo de tales modelos mentales bloqueantes puede llegar a ser astronómico, y además lleva a las compañías a un verdadero agujero negro de ineficiencia y sufrimiento.

PARA DESCONGELAR TALES MODELOS MENTALES, SE NECESITAN NUEVAS FORMAS DE APRENDER:

EL APRENDIZAJE TRANSFORMACIONAL PROPONE REVISAR DICHAS FORMAS FUNDAMENTALES DE SER Y RELACIONARSE.

El Aprendizaje Transformacional es una exploración acerca de cómo nuestros valores, creencias y supuestos profundamente arraigados, estructuran las formas en las cuáles reaccionamos ante las situaciones externas. A través de sus particulares ejercicios, los participantes de un equipo aprenden a hacer frente a sus profundas asunciones, opiniones y emociones, para construir nuevas visiones compartidas de los asuntos empresarios. La consecuente habilidad para comprender y compartir los procesos de razonamiento, -en lugar de operar simplemente a partir de sus productos finales-, creará una comunidad de indagación, prácticas y aprendizaje continuo.

Por tanto decimos que el Aprendizaje Transformacional apunta a incrementar la capacidad del participante para la acción, convirtiéndolo en un “capacitado reflexivo”, siempre dispuesto a aprender de sus experiencias, en vez de administrar recetas para el éxito. La vida es demasiado compleja como para que la aplicación de herramientas prediseñadas funcione siempre perfectamente. En cambio, tales herramientas requieren de usuarios que realicen juicios y adapten sus métodos a los contextos de aplicación con que se encuentran. Sin embargo, esta capacidad sólo se desarrolla a través del tiempo, con prácticas reiteradas y reflexión.

Para concluir, quedémosnos con la idea de que el Aprendizaje Transformacional desafía a aceptar el cambio, a desprenderse de viejos paradigmas, y en vez de ser capaces de respuestas originales, a utilizar nuestra imaginación e incursionar en lo inexplorado.

Lic. Mónica Reta.