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La filósofa española Elsa Punset dice que sólo podremos manejar nuestras emociones si entendemos que hay que alimentarlas, desarrollarlas y cuidarlas como se cuida y alimenta al cuerpo …

 

¿Qué significa gestionar las emociones?

Mi trabajo está basado en la inteligencia emocional. Ésa es la corriente en la que me inscribo dentro del universo de la psicología. La inteligencia emocional parte de la certeza –certeza científica– de que las personas son capaces de manejar sus emociones. Las emociones no son innatas ni es algo que nos ocurre a pesar nuestro. Hay que tener en cuenta que, hasta hace poco tiempo, se suponía que nuestro cerebro era una estructura inmutable a partir de cierta edad. Pero ahora –gracias a una serie de nuevos estudios sobre plasticidad cerebral– sabemos que tenemos la posibilidad de gestionar las emociones y de tener un impacto fisiológico sobre las estructuras del cerebro a cualquier edad.

¿Cómo se traduce esa evolución en nuestra vida diaria?

Le devuelve a la gente muchísima capacidad de decisión y de libertad en sus vidas. La inteligencia emocional nos enseña cómo ser dueños y no rehenes de nuestras emociones.

¿Esto se aprende?

¡Claro que se aprende! Y cuanto antes mejor.

¿Cómo se logra?

Hay cuatro grandes ámbitos de trabajo. El primero es que se conozcan por dentro y pongan nombre a las emociones que sienten; el segundo es que sepan expresar esas emociones; el tercero, que desarrollen sus capacidades de empatía para comprender las emociones de los demás. Los seres humanos nacemos con esta capacidad extraordinaria de ponernos en el lugar del otro, no sólo intelectualmente, sino también físicamente. La empatía se mide en forma física. Por último tratamos de enseñar a los niños a relacionarse con los demás, a expresarse, a tomar decisiones en forma responsable, a expresar la ira… En una palabra, a navegar por sus emociones en forma deliberada y consciente.

¿Por qué enseñar esos métodos que, en principio, son innatos?

Porque poco a poco hemos perdido este lenguaje universal y básico que son las emociones. Durante mucho tiempo se pensó que todos no teníamos las mismas emociones. Ahora sabemos que sí las tenemos, pero que la forma de expresarlas es diferente. Es el único lenguaje universal y básico que posee el ser humano. No nos enseñaban a hablarlo ni a averiguar qué nos pasaba por dentro. El gran cambio del siglo XXI va a ser comprender qué nos pasa por dentro y aprender a manejarlo. Las emociones siempre han sido un agujero negro en el que la ciencia no ha podido entrar, la gente se ha guiado por el sentido común y ahora sabemos que el sentido común se puede equivocar.

¿Esto marca un cambio radical con respecto a la educación, que estaba dirigida –por decirlo simplemente– a la esfera cerebral?

Estaba dirigida al conocimiento; la esfera cerebral es todo. Otro de los grandes errores, hasta ahora, era pensar que emoción y razón eran antagónicos. Sin embargo, el órgano de las emociones es el cerebro. El ser humano tiene un cerebro emocional. Se trata de reconocer que no se puede educar sólo una parte del cerebro. Aprender a comportarse, a comprender y a sentir las emociones positivas, y rechazar las negativas puede cambiar físicamente la estructura del cerebro.

¿Por qué la escuela nunca se ocupó de esa enseñanza?

La escuela se inventó en la Revolución Industrial para enseñar a la gente a leer y escribir a fin de integrarla a un sistema social de producción y consumo. Ese mundo ya no es el que tenemos en la actualidad. Ahora, además de enseñarle las letras y los números, se trata de alfabetizarla emocionalmente. Muchos países occidentales están reconsiderando los sistemas educativos vigentes y han puesto en marcha programas para llevar a cabo ese cambio. Algunos van más rápido que otros, pero todos son conscientes de la importancia que tiene aprender a conocerse a uno mismo.

Usted dice que hay que aprender a gestionar las emociones negativas. ¿La gente temía a esas emociones o era incapaz de manejarlas?

Ha sido un error dividir las emociones en positivas y negativas. Es un gran revelador de cómo reaccionamos frente a las emociones. Las emociones no son positivas ni negativas: son útiles o son perjudiciales. Tenemos que empezar a designar esas categorías de la manera correcta. La ira puede ser el germen de la justicia social y la tristeza es una emoción por la que transitamos todos de forma regular. Aun los más felices de nosotros atravesamos procesos de tristeza porque se nos muere un abuelo o porque debemos cambiar de ciudad y perdemos a los amigos.

¿Por qué la gente rehúye o estigmatiza la tristeza?

Solemos huir de la tristeza y, sin embargo, gracias a ella sabemos que algo va mal. No podemos tolerarla porque vivimos en una sociedad que realmente hace un culto de la distracción. Es un poco la sociedad de la “emoción basura”, de la emoción de consumo rápido. Para comprender la importancia de este fenómeno, hay que saber cómo funciona el cerebro: si uno bombardea el cerebro con emociones fáciles que activan los centros del placer, esto se vuelve adictivo. Los seres humanos tenemos un cerebro adictivo: cada vez necesitamos más de lo mismo para sentir el mismo nivel de placer. Se ha querido negar que hay emociones que forman parte de nuestro ser y se ha querido potenciar otras emociones fáciles, llamativas, que activaban todos estos centros de placer del cerebro y que inducen a un consumo emocional desaforado.

¿Cuáles son las manifestaciones más visibles de ese fenómeno?

Las cifras de enfermedad mental, que son cada día más preocupantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Salud en España y todos los organismos internacionales están advirtiendo que en 2020 va a haber un 20% de la población con enfermedades mentales discapacitantes. Muchas son de origen emocional. Hoy hay muchas personas que se sienten infelices. Hasta ahora creíamos que, si se colmaban las necesidades físicas y materiales, no había nada más que pedir. Por un lado, fue quizás una visión ingenua. Por otra parte, fue interesada. A un mercado de consumo le interesaba que fuera de esa manera, pero los seres humanos no somos así.

¿Cómo es ahora?

El gran cambio consiste en que ahora se admite que las emociones son como el cuerpo, al que es preciso cuidar, desarrollar, atender, comprender y mimar durante toda la vida. Si uno se alimenta de comida basura, si no hace ejercicio, termina con el cuerpo machacado.

¿Lo mismo pasa con las emociones, entonces?

En un mundo en el que la gente vivía menos y con estructuras sociales y religiosas muy fuertes, esas cosas importaban menos. La gente ocupaba el lugar que le decían que debía ocupar y se acababa la cosa. Me infunde mucha esperanza ver que la gente toma su vida en sus manos y sabe que puede cambiar a cualquier edad. Para transformar, sólo es necesario comprender. Hay formas de comprender que son mucho más sencillas de lo que nos habían dicho. No vivimos negados para la eternidad. Si uno cambia su comportamiento, es posible modificar hasta las estructuras físicas del cerebro. Trabajar sobre uno mismo tiene un impacto muy fuerte. Cada uno tiene que encontrar su camino. Es sano que la gente pida ayuda.

Usted cita el caso de una científica india que se asombraba por la capacidad occidental de “cauterizar” la vida y vaciarla de contenido.

Una pedagoga india me dijo en un momento que “a los occidentales los entierran a los 80 años, pero se mueren a los 20”. La frase es muy dura, pero tiene algo de razón porque creíamos que el cerebro dejaba de cambiar a partir de los 20 años, que era el final del desarrollo cerebral.

¿No es verdad que en las sociedades modernas la gente está anestesiada a partir de cierta edad?

Éste es un tema que me disgusta, pues existe una verdadera discriminación por la edad. El cerebro funciona sobre la base de una serie de reacciones automáticas. No está programado para ser feliz, sino para sobrevivir. Una de sus mayores preocupaciones es encontrar seguridad. Entonces, para sentirse seguro en un mundo muy inseguro y fluido, opta por dividir el mundo en forma binaria: “buenos” y “malos”, “propio” y “ajeno”, “amistoso” y “peligroso”, etcétera. Luego tenemos mecanismos de autojustificación que nos permiten maltratar a determinados grupos. Uno de los elementos que utilizamos para dividir en “buenos” y “malos” es la edad. Me asombra la importancia que le atribuye esta sociedad a la edad y la forma en que se la utiliza como arma para decirle a la gente cómo debe vivir y hasta donde puede llegar en función de su edad.

Antes se hacía en función del género.

Eso, afortunadamente, está desapareciendo, según los países, pero ahora se hace en función de la edad. Jubilamos a la gente en forma cada vez más prematura. En una sociedad que consume emociones primitivas, instintivas y poco elaboradas, se prima la belleza física, la fertilidad, la juventud, pero sin pensar qué valor está añadiendo esa juventud.

Usted dice que es preciso no sólo recuperar las emociones, sino también la razón.

Sí. Una civilización más avanzada es la que consigue la simbiosis entre razón y emoción, y la que aprende a gestionar la emoción. Nunca se dice –pero es fundamental– que evolutivamente, así como ha crecido la parte más racional del cerebro, también creció la parte emocional de los humanos. Ambas están totalmente unidas. Ahora tenemos que aprender a bucear en el cerebro para descubrir qué hay en esa caja negra. Nuestra misión se reduce, acaso, a enseñar a las personas a saber manejar ese tesoro que tienen adentro.

 

Entrevista tomada de www.sophiaonline.com.ar

 

 

 

Para hoteles, centros de esparcimiento y recreación

Destinados a promover la liberación del stress cotidiano;

Espacios de juego, relajación e introducción en la meditación;

Para grupos reducidos,  con actividades al aire libre;

Aprovechando el espacio que la naturaleza brinda en cada lugar.

Son actividades destinadas a introducir a los participantes en el arte de la relajación y el cuidado de nuestro equilibrio psicofísico. Se desarrollan al aire libre y contemplan tres temática básicas:

-Descanso y armonía: cómo empezar por nuestra mente;

-Ejercicios de respiración y técnicas sencillas para meditar;

-Inteligencia emocional: el autocontrol y la adaptabilidad en el encuentro con los otros.

 

Para solicitar más información sobre estas actividades para su empresa:

www.coachingypsicologia.com.ar

info@coachingypsicologia.com.ar

 


” … Cuanto mayor es la compañía, más necesaria es la inteligencia de los ejecutivos para contribuir a la resolución de los problemas, que suelen venir acompañados de rupturas de la comunicación, y esto puede llevar mucho tiempo. Parece que cada incidente de este tipo es único. El ejecutivo emocionalmente inteligente puede acortar mucho este tiempo encontrando el sentimiento que se oculta detrás del problema, lo subyacente en el contexto. Ahí es donde resulta más fácil sacar a la luz el conflicto esencial. En este aspecto pueden resultar muy prácticas las dotes intuitivas del ejecutivo. El ejecutivo emocionalmente inteligente es capaz de llegar al corazón de la cuestión. Veremos un ejemplo contemporáneo en el caso de una organización muy conocida y con larga trayectoria. 

 

Después de vender con éxito durante casi 100 años un mismo producto invariable, Coca-Cola decidió cambiar las cosas. La fórmula secreta de la Coca-Cola no había cambiado nunca desde su invención en 1886, salvo en 1903, cuando se le eliminó una cantidad minúscula de cocaína. Pero en 1985, después de unas pruebas de mercado secretas realizadas sobre 190.000 consumidores, la dirección de Coca-Cola descubrió que una Nueva Coca-Cola más ligera y más dulce podría competir con mayor éxito con la Pepsi. 

 

Todos sabemos lo que sucedió después. Coca-Cola había cometido lo que quizá fuera la peor decisión de marketing desde que Ford presentó el modelo Edsel. Naturalmente,Coca-Cola fue capaz de reorganizarse y de convertir el aparente fracaso en lo que algunos consideran que fue una brillante operación de marketing: convirtió en publicidad gratuita la atención por parte de los medios de comunicación, al volver a ofrecer su producto primitivo bajo el nombre deCoca-Cola Clásica. La combinación de la Nueva Coca-Cola con la Coca-Cola Clásica significó una victoria sonada sobre el rival más próximo de Coca-Cola, Pepsi. 

 

Con independencia del resultado final, la poca precisión de las pruebas de consumo se debía a una falta de inteligencia emocional en este proyecto concreto, dentro de una compañía que tenía éxito en otros sentidos. Las pruebas de consumo estaban bien organizadas, pero les faltaba profundidad en el estudio del componente emocional. El consumidor estadounidense sentía un apego especial a laCoca-Cola, y en las pruebas no se consiguió captar este apego profundo. Aunque la Nueva Coca-Cola obtuviera mejores resultados en las pruebas de sabor, el abandono de la fórmula original no carecería de consecuencias emocionales. 

 

Según el presidente de Coca-ColaRoberto Goizueta, era como la muerte de un padre. ‘Sabes que estarás triste- decía-. Nunca sabes lo triste que estarás, cuán profunda será tu pena, hasta que se muere’. Si las pruebas de mercado hubieran estado dotadas de mayor inteligencia emocional, si se hubieran asomado a los sentimientos de los consumidores además de a sus papilas gustativas, podría haberse evitado aquel error monumental. 

 

Los fieles de la Coca-Cola se levantaron en armas ante esta decisión de marketing. Goizueta y sus compañeros tuvieron que reconocer su error ante los ataques públicos que recibían. Pero Goizueta supo reaccionar con rapidez y fue capaz de convertir el fracaso en éxito, bautizando el producto antiguo como Coca-Cola Clásica y ofreciéndolo al público además de a su nuevo hermano, la Nueva Coca-Cola

 

Roberto Goizueta, como ejecutivo emocionalmente inteligente, reaccionó con rapidez ante la caída del gráfico de ventas. Su reacción no sólo estuvo dotada de responsabilidad: también, cosa igualmente importante, fue sensible. En vez de adoptar una actitud defensiva, aceptó la nueva realidad y la integró en la curva de éxito constante deCoca-Cola

 

Una buena parte del éxito de Goizueta se debió a su capacidad para comunicarse tanto con su personal, que se vio atrapado en aquel fracaso de marketing, como con el público, a través de los medios de comunicación. Un ejecutivo de menor categoría tal vez se habría distanciado del área problemática y podría haber hecho el vacío a los medio de comunicación en una situación semejante de crisis; pero eso no fue lo que hizo Goizueta, experto en comprender las reacciones de los demás y en comunicarse con ellos teniendo presente este conocimiento. 

 

¿Cuál es la moraleja? Es fundamental integrar a todos los departamentos en un esfuerzo de equipo concertado para conseguir el mejor resultado posible. A partir del incidente de la Nueva Coca-Cola, la compañía ha invertido muchos esfuerzos con el fin de volverse más activa, y se ha convertido en una de las diez empresas con mejores resultados en los últimos años. 

 

Goizueta fue capaz de asumir la responsabilidad de cualquier problema y de aprovechar ventajosamente los errores aparentes. Participó directamente, se enfrentó con la realidad de los hechos tal como eran, y sin sufrir apenas una caída en las ventas, convirtió en milagro de marketing lo que podría haber sido un desastre bajo un liderazgo dotado de menos inteligencia emocional. Algunos estudiosos de marketing llegaron, incluso, a preguntarse si todo aquello no había sido más que un montaje intencionado. Goizueta afrontó el problema con valor y convirtió un fracaso aparente en éxito. 

 

Goizueta  estaba dotado de la capacidad de sacar lo mejor de los demás, de ayudarles a desarrollarse y a mejorar. Formaba a sus ejecutivos haciéndolos pasar por varios puestos para dotarlos de la experiencia que le parecería que necesitaban. Su interés sincero por los demás engendraba en los miembros de su personal un sentimiento profundo de lealtad. El fomentaba un sentimiento de sinceridad animando a los miembros de su personal a que fueran completamente francos con él. ‘Yo discutía con él constantemente’, cuenta su antiguo director financiero, Sam Ayoub. ‘Lo atrayente que tenía era que yo podía encerrarme a solas con él y decirle que no estaba de acuerdo con él. No le gustan los cobarde’. 

 

Goizueta era especialmente sensible a la necesidad de ajustar a los miembros de su personal en los proyectos para los que estaban más dotados. ‘El ejecutivo jefe tiene la responsabilidad última de decidir lo que debe delegar y en quién -afirma-. Si eliges a la persona adecuada, al final todo será de color de rosa’.

 por Dr. Steve Simmons, MEASURING EMOTIONAL INTELLIGENCE, en www.inteligencia-emocional.org.

 

Si nuestro pasado hubiese sido diferente, habríamos observado a nuestro padre escuchando en forma satisfactoria y afectuosa a nuestra madre cuando le expresaba sus frustraciones y decepciones.

Habríamos observado a nuestra madre confiando en nuestro padre y compartiendo sus sentimientos abiertamente, sin desaprobarlo y sin echarle culpas.

Habríamos experimentado el hecho de ver que una persona podría sentirse perturbada sin rechazar a nadie con desconfianza, manipulación emocional, desaprobación, prevención, condescendencia o frialdad.

A lo largo de nuestros años de crecimiento habríamos estado gradualmente en condiciones de dominar nuestras emociones del mismo modo en que dominábamos la facultad de caminar o las matemáticas. Habría sido una habilidad aprendida como caminar, saltar, cantar, leer y efectuar el balance de nuestra chequera.

Pero no sucedió así para la mayoría de nosotros. Por el contrario, pasamos años –los primeros de nuestra vida, cruciales para nuestra educación intelectual y emocional- aprendiendo a comunicarnos insatisfactoriamente y a ignorar, manejar mal o reprimir nuestras emociones. Por el hecho de que carecemos de educación para comunicar nuestros sentimientos, nuestras relaciones no alcanzan el máximo potencial de armonía y sinergia que podrían alcanzar.

Para poder entender hasta qué punto resulta esto difícil, considere sus respuestas a las siguientes preguntas:

1. Cuando se siente enojado o resentido, ¿cómo expresa amor si, mientras usted estaba creciendo, sus padres o bien discutían o bien evitaban conscientemente la discusión?

2. ¿Cómo logra que sus hijos lo escuchen sin gritar ni castigarlos, si sus padres gritaban y lo castigaban para mantener el orden?

3. ¿Cómo pide más apoyo si, aun siendo niño, usted se sintió permanentemente desatendido y decepcionado?

4. ¿Cómo se abre y comparte sus sentimientos si teme ser rechazado?

5. ¿Cómo le habla a su pareja si sus sentimientos dicen “te odio”?

6. ¿Cómo dice “lo lamento” si, de niño, usted era castigado por cometer errores?

7. ¿Cómo puede admitir sus errores si le teme al castigo y al rechazo?

8. ¿Cómo puede mostrar sus sentimientos si, de niño, usted era permanentemente rechazados o juzgado por sentirse perturbado o por llorar?

9. ¿Cómo se supone que usted pida lo que quiere si, de niño, lo hacían sentir mal por querer más?

10. ¿Cómo se supone siquiera que sepa lo que está sintiendo si sus padres no tenían el tiempo, la paciencia o la sabiduría para preguntarle cómo se sentía o qué era lo que lo molestaba?

11. ¿Cómo puede aceptar las imperfecciones de su pareja si, de niño, usted sentía que debía ser perfecto para merecer amor?

12. ¿Cómo puede escuchar los sentimientos de dolor de su pareja si nadie escuchaba los suyos?

13. ¿Cómo puede perdonar si usted no era perdonado?

14. ¿Cómo se supone que usted llore y alivie su dolor y su pesar si, de niño, le decían siempre ‘No llores’ o ¿Cuándo vas a crecer?’

15. ¿Cómo puede escuchar la decepción de su pareja si, de niño, lo hacían sentir responsable por el dolor de su madre mucho antes de que pudiera comprender que usted NO era responsable?

16. ¿Cómo puede escuchar la ira de su pareja si, de niño, su madre o su padre le adosaban a usted sus frustraciones a través de gritos y exigencias?

17. ¿Cómo se abre y confía en su pareja, si las primeras personas en las que confió con su inocencia lo traicionaron de alguna manera?

18. ¿Cómo se supone que puede comunicar sus sentimientos en forma respetuosa y afectuosa si no ha tenido la práctica de dieciocho años sin la amenaza de ser rechazado o abandonado?

La respuesta a estas dieciocho preguntas es la misma: es posible aprender sobre nuestras emociones, desarrollar nuestro cociente emocional, pero tenemos que trabajar para ello.

Dr. John Gray en www.inteligencia-emocional.org

 

En www.coachingypsicologia.com.ar

Preguntas comunes pero nada inocentes!!!!!!!

Vayamos por partes …
Todos sabemos que nuestros afectos y emociones mueven montañas … Nuestros antepasados prehistóricos se valían de su miedo para sobrevivir, de su alegría para estar más unidos, de su ira para defender sus territorios, de su amor para procrear.
Hoy, en pleno siglo XXI, podemos darle un uso diferente a las emociones: para aclarar las intenciones, consolidar los vínculos entre miembros de un equipo, para motivar, y lo que no es menos importante, para aportar un significado personal a las horas que dedicamos a nuestro trabajo.
Justamente, la inteligencia emocional en nuestro entorno laboral nos permite aplicar nuestra conciencia y sensibilidad para discernir los sentimientos que subyacen en la comunicación con los otros y para resistir la tentación, tantas veces, de reaccionar de manera impulsiva e irreflexiva. En el contexto empresarial, podríamos rebautizarla entonces como “conciencia ejecutiva”, ya que tiene en cuenta, además, los factores que pueden conducir a una toma de decisiones satisfactoria y productiva: la rentabilidad, el mercado, la gestión del personal, y la política de la empresa, entre otros.
Mediante una suerte de “introspección emocional”, entonces, podemos meditar acerca de las emociones que nos surgen a cada paso en las decisiones que tomamos, adquirir mayor visión de lo que nos dará resultado a largo plazo, desarrollar la habilidad de obtener apoyo emocional de los otros cuando tengamos que resolver nuestras propias emociones negativas, y en definitiva, ponernos en el lugar del otro (ejercitar la empatía), y escucharlo mejor para poder comunicarnos y hacer mejor con él/ellos.
En definitiva, obtener apertura emocional en el trabajo, produce esencialmente dos beneficios: la revelación de los sentimientos sobre nosotros mismos, tales como la confianza en nuestras propias capacidades, y en segundo lugar, el apoyo auténtico de los demás, que acercarán a nosotros sus talentos e ideas productivas.

¿BENEFICIOSO PARA UN LÍDER?
La respuesta es más que obvia, sobre todo si se entiende que este tipo de liderazgo es el único que tendrá futuro en las organizaciones.
Ahora bien, desde el Coaching Ontológico, las posibilidades de ajustar y perfeccionar este proceso de “toma de conciencia y aprendizaje sobre las emociones”, como a mí gusta llamar a la Inteligencia Emocional, es enorme. Y baso esta apreciación mía, en la idea de que los seres humanos somos un sistema de emociones, cuerpo y lenguaje. Lo que nos ocurra en cualquiera de estos dominios nos afectará indefectiblemente en los otros. Ello nos invita, justamente, a intervenir en forma simultánea en los tres para asegurar que las transformaciones producidas en uno de ellos se encuentren con cambios que les sean coherentes, en los otros. Por ejemplo, no basta introducir un cambio en la emocionalidad en la que se encuentra una persona, si el tipo de conversaciones que tiene, es coherente con la emocionalidad del pasado.
Por ello el proceso de Coaching es integral: a nivel de las emociones, del cuerpo y del lenguaje, y apunta a que la persona que lo recibe (el coachee), pueda convertirse en un observador diferente.
El objetivo fundamental de este proceso, en definitiva, es mostrarle su poder de acción como persona, en relación al mundo y a las circunstancias que percibe, propendiendo a estabilizar y sostener cambios generativos en los tres dominios, que apunten siempre a resultados buscados, en cualquier área de la vida.
En próximos artículos veremos cuáles son los pasos específicos de un Coaching desde el foco de las emociones: especificar cuál es la emoción que se experimenta en cada situación a trabajar, modificar juicios e interpretaciones que sostienen emociones negativas, rediseñar estados de ánimo, rediseñar las acciones para generar otras emociones, hacer un proceso de aprendizaje en cascada o escalera, y obtener retroalimentación de acciones en curso.

 

Lic. Mónica Reta.

 
El STRESS aparece comúnmente definido en los ámbitos científicos como la respuesta física y emocional que ocurre en un individuo, cuando éste se ve desbordado por múltiples demandas a las que no puede responder desde sus capacidades y recursos propios.
Exigencias laborales, conflictos de índole familiar, exceso de responsabilidades de todo tipo, falta de tiempos de descanso adecuados, de esparcimiento y de ocio. Estos pueden ser algunos de los tantos responsables del “stress moderno”

Existe una crucial diferencia entre las funciones cerebrales que se activan cuando cualquier desafío moviliza y motiva a la persona (“stress bueno”), y las que lo hacen cuando lo que ella percibe son situaciones que la amenazan, abruman y hasta paralizan o desmoralizan (“stress malo”).
Los elementos químicos cerebrales que generan entusiasmo frente a un desafío, entran en funcionamiento cuando nuestro nivel de energía es alto, nuestro esfuerzo máximo y nuestro humor positivo. Se denominan catecolaminas y dependen de la activación del sistema nervioso simpático y las suprarrenales.
Pero una vez que el cerebro asume la posición de emergencia, comienza a bombear cortisol; sin embargo trabajamos mejor a un nivel más bajo de excitación cerebral, cuando sólo participa el sistema de catecolaminas. Y para elevar el cortisol, tampoco es necesario llegar a la situación de quedar desempleado, o a una crisis terminal de agotamiento; bastan para ello el aburrimiento, la frustración, la impaciencia y hasta el cansancio.

Por tanto, el eustress (“stress bueno”) hace referencia a la presión que nos incita a la acción. Los elementos bioquímicos que se activan, incitan al cerebro a mantenerse atento e interesado y lo energizan para un esfuerzo sostenido.
Un estudio de origen alemán, citado por D. Goleman en su libro “La inteligencia emocional en la empresa” muestra esta relación entre la motivación y la química del eustress: “… Se asignó a un grupo de voluntarios una tarea mental difícil: debían resolver 120 problemas aritméticos en un período cada vez más breve, hasta que se equivocaran una de cada cuatro veces. Cuando se les verificaban las respuestas, si eran ciertas, recibían una recompensa en efectivo, si estaban equivocados, se los penalizaba con la misma suma.
Los voluntarios que tenían más esperanzas de éxito, eran los más capaces de mantener esa movilización en un nivel que produjera mayormente catecolaminas. Pero quienes actuaban motivados por el miedo, se llenaban de cortisol.
Esto resultó tener un efecto autorreforzante. Los que tenían bajo nivel de cortisol podían pensar bien y prestar atención durante la prueba, se mantenían alertas, serenos y productivos. El efecto sobre el desempeño fue dramático: ganaron más del doble de sus colegas”…

Podemos concluir aquí que el stress puede definirse como un fenómeno psicosomático, en el cuál, una emoción desencadena efectos fisiológicos, que a su vez predisponen para cierto tipo de emociones y las conductas que se derivan de ellas. Las transformaciones que tienen lugar entre la mente y el cuerpo se denominan transducciones.
En el stress vernacular, la energía de la emoción, por ejemplo, del enojo, se transduce en la energía de la contracción del miocardio (aumenta el ritmo cardíaco) y de la producción de mensajeros químicos como la adrenalina y la noradrenalina …”

La conclusión a la que podemos arribar aquí, sobre todo tomando los comentarios de Goleman, más arriba, es que, en el caso de las emociones positivas, el proceso psicosomático potenciaría los efectos positivos en las conductas finales (entusiasmo, productividad), mientras que en las negativas, ocurriría a la inversa. Quizás el efecto final de todo este proceso, en el “stress malo”, sea la enfermedad orgánica, que se cita en distintos lugares como las manifestaciones del cuadro de Stress en su estadio final (Burn Out).

Ahora bien, entendamos que los síntomas y signos psicológicos que habitualmente se atribuyen a un cuadro de stress: altos niveles de ansiedad, irritabilidad elevada, sentimientos de depresión, incapacidad de manejar emociones, apatía, confusión en el pensamiento, no han de ser diferentes a los que el individuo experimentó, en un primer momento, frente a situaciones “stressantes”, y que luego, el mecanismo psicosomático que acabo de describir, se encargó de cristalizar como forma de respuesta permanente frente a dichas situaciones.

Lo que debemos tener en cuenta, en cualquier caso, y como idea principal, es que el área laboral de la vida de una persona, es una de las principales causas de stress, por una diversidad de factores que ella encierra.
Pero además de ello, estos síntomas no son exclusivos del stress, por lo cuál, si estoy frente a un empleado que los padece, tengo que hacer dos cosas:
-realizar un diagnóstico individual de lo que le está sucediendo: su particular constelación de síntomas y factores que lo están causando;

-desestimar la posibilidad de que el stress esté acompañado por otros cuadros psicológicos (por ej. depresión, fobias). En tal caso, indicaremos tratamiento psicológico.

Si además observo que esa persona presenta dificultades para concentrarse en la tarea, desinterés y/o falta de involucramiento personal en ella, tengo otros elementos que se suman a favor de la hipótesis de un cuadro de Stress.

Si finalmente encuentro que hay puntos críticos en él/ella, como por ejemplo, la determinación de metas y objetivos para el futuro, así como el reconocimiento de aspectos de sí mismo, puedo suponer que ello tiene que ver con aspectos confusionales del pensamiento e incapacidad de expresarse claramente, lo cuál, si bien puede obedecer a diferentes cuadros psicopatológicos, también puede ser síntoma de stress.

Mi hipótesis puede finalmente corroborarse si esta misma persona revela, en sus comentarios, dificultades en su vida diaria, para contactarse con los otros, para organizar su tiempo, para priorizar lo que quiere y le interesa hacer, y para decir que NO a cualquier demanda o requerimiento de los otros, (en especial de su ambiente laboral).

¿Cómo trabajo desde el Coaching Ontológico?

En este caso, me interesa vincular las emociones que producirían el stress, con las acciones que son las disparadoras de estas emociones, para así poder intervenir en el circuito acción -  emoción -  “efecto stress”

El Coaching Ontológico le permite al individuo cuestionarse, desde su particular percepción del mundo, qué acciones habitualmente realiza y/o tiene disponibles para realizar. Y en este punto, cuáles son sus emociones (qué siente) y cuál es su estado de ánimo (emocionalidad permanente). A su vez, le permite cuestionarse qué resultados le aparecen ante estas acciones, y en todo caso reformular esta cadena:
Percepciones   -     Acción    -    Resultados.
A partir de aquí, yo puedo, por ejemplo, realizar un ejercicio con la persona consultante, en el que le pido que piense en una emoción que experimenta en forma recurrente, por ej., la ansiedad o irritación, que puede ser representativa, justamente, de un cuadro de stress.
Luego le pido que recuerde , cuáles fueron las acciones, propias o de terceros, en la última semana, que desencadenaron en él/ella, tal emoción de ansiedad o irritación, y qué pasó a partir de allí (cuál fue el resultado de cada una de esas situaciones).
Las acciones que refiera pueden ser varias: el tratar de hacer dos o tres tareas a la vez, exigirse atención a dos personas que le hablan simultáneamente de cosas diferentes, no poder responder ante una agresión externa, no verbalizar su incomodidad ante una discusión o una imposición de terceros, etc. Este ejercicio lo puedo hacer también en parejas: uno puede comentarle al otro sus acciones, y esto enriquece obviamente la percepción general de cada uno.

En este punto, recurro a otro dominio fundamental: la corporalidad. Todo cambio en las emociones genera cambios en el cuerpo. Desde la corporalidad externa (posturas, gestos, esquema corporal), esto se manifiesta en disposiciones que el individuo puede reconstruir a partir de preguntas claves, por ej.:

“¿Cómo siente Ud. la ansiedad en su cuerpo?; ¿Cómo representaría con su cuerpo, el estar ansioso/irritado, etc?”.

Así, cada individuo puede “representar” el cuerpo de la ansiedad (o de cualquier otra emoción), mientras el otro lo observa, y luego le devuelve, “en espejo”, imitándolo, esa representación, inclusive magnificada, de sí mismo. Con lo trabajado hasta aquí, el individuo puede reconocerse, e implementar cambios necesarios, tanto para evitar acciones “generadoras de stress y enfermedad”, como disposiciones corporales que ocasionen dolor, tensión, rigidez, contracción, y sobre todo, percepciones y emociones relacionadas con el malestar.
Esta es una de las tantas técnicas utilizadas en el Módulo de Abordaje de situaciones de Stress y presión laboral, que encontrarás dentro de los Asesoramientos de Coaching individual, con todo su desarrollo temático.

En próximos artículos iremos desplegando otros puntos del mismo, que utilizo, en general, para gente “bombardeada” por la realidad de su trabajo diario.
Lic. Mónica Silvia Reta